Estructura y funcionamiento del cerebro

     La estructura básica del cerebro está compuesta por aproximadamente 86 mil millones de neuronas, las células del sistema nervioso (Zavala, 2021, p. 14). Las mismas están interconectadas a través de billones de sinapsis, formando redes neuronales altamente especializadas por lo que se comunican entre sí mediante señales eléctricas y químicas, utilizando neurotransmisores que permiten la transmisión de información a través de todo el sistema nervioso.


      Cada hemisferio se subdivide en cuatro lóbulos principales: frontal, parietal, temporal y occipital, cada uno con funciones específicas. Esta estructura permite las funciones cognitivas superiores como el pensamiento, lenguaje y consciencia. Debajo de la corteza se encuentran estructuras subcorticales como los ganglios basales, que participan en el control motor; el tálamo, que actúa como estación de relevo sensorial; y el hipotálamo, que regula funciones corporales básicas.

     El sistema límbico, ubicado en la parte media del cerebro, incluye estructuras como la amígdala, el hipocampo para el procesamiento emocional, memoria y aprendizaje. La amígdala es especialmente importante en el procesamiento de emociones y la respuesta al miedo, mientras que el hipocampo es crucial para la formación de nuevos recuerdos y la orientación espacial.



     El tronco encefálico, que conecta el cerebro con la médula espinal, contiene estructuras vitales como el mesencéfalo, la protuberancia y el bulbo raquídeo. Estas regiones controlan funciones automáticas esenciales como la respiración, el ritmo cardíaco y la presión arterial. El cerebelo, situado en la parte posterior del cerebro, es fundamental para la coordinación motora, el equilibrio y el aprendizaje motor.

    Según Sánchez (2022) "El funcionamiento cerebral depende de un suministro constante de sangre que aporta oxígeno y nutrientes. El cerebro consume aproximadamente el 20% de la energía total del cuerpo, a pesar de representar solo el 2% del peso corporal" (p.7). 


    Esta alta demanda energética se satisface mediante una extensa red de vasos sanguíneos que forman la barrera hematoencefálica, que protege al cerebro de sustancias potencialmente dañinas. Los ritmos cerebrales, patrones de actividad eléctrica oscilatoria, son fundamentales para la coordinación de diferentes regiones cerebrales. Estas ondas cerebrales, clasificadas como delta, theta, alfa, beta y gamma, están asociadas con diferentes estados de consciencia y tipos de procesamiento cognitivo.

     El procesamiento de la información en el cerebro ocurre tanto de manera serial como paralela, permitiendo la realización simultánea de múltiples tareas. Las diferentes áreas cerebrales están especializadas pero también interconectadas, formando redes funcionales que trabajan coordinadamente para producir comportamientos complejos y funciones cognitivas superiores.

Función del cerebro en los niños

    Durante los primeros 5 años de vida, el cerebro del niño experimenta un desarrollo que sienta las bases para el aprendizaje futuro, en los primeros meses, el cerebro se enfoca en el desarrollo sensorial básico, permitiendo que el bebé reconozca rostros, voces y responda a estímulos del entorno.

     Como menciona  Salas (2023) "Entre el primer y segundo año, el cerebro desarrolla intensamente las áreas del lenguaje, permitiendo la comprensión de palabras y la formación de frases simples, también se fortalecen las conexiones neuronales relacionadas con el movimiento, facilitando el gateo y los primeros pasos" (p.17). Es por ello que, de los dos a tres años el cerebro mejora significativamente la coordinación motora fina y gruesa, se desarrollan las áreas relacionadas con la memoria, permitiendo recordar experiencias  al aprender nuevas habilidades. El lenguaje se expande rápidamente y comienza el desarrollo del pensamiento simbólico.

    Entre los tres y cuatro años, el cerebro fortalece las áreas responsables de la imaginación y la creatividad. Se desarrolla la capacidad de comprensión emocional y empatía. Las conexiones neuronales relacionadas con el razonamiento lógico simple comienzan a establecerse. 


De los cuatro a cinco años, el cerebro mejora su capacidad de atención y memoria. Se desarrollan habilidades pre-matemáticas y pre-lectoras. Las áreas relacionadas con el control de impulsos y la regulación emocional maduran gradualmente, permitiendo mejor interacción social y resolución de problemas simples.

    Durante todo este período, el cerebro mantiene una extraordinaria plasticidad, formando conexiones neuronales a una velocidad que no se repetirá en ninguna otra etapa de la vida. La estimulación adecuada y las experiencias positivas durante esta etapa son fundamentales para un desarrollo cerebral óptimo.




Referencias Bibliográficas

Salas. (2023). El beneficio de la lactancia materna en el desarrollo cerebral infantil en niños típicos de 0 a 5 años. Revista Iberoamericana de Neuropsicología, 6(1), 20–38. https://neuropsychologylearning.com/wp-content/uploads/pdf/pdf-revista-vol6/vol6-n1-2023-2.pdf  

Sánchez. (2022). Revisión teórica del cerebro social. https://www.researchgate.net/profile/Roberto Garcia-Sanchez 3/publication/361838055_Estructuras_cerebrales_implicadas_en_las_narrativas_humanas_Revision_teorica_del_cerebro_social/links/635bd0de96e83c26eb613ab9/Estructuras-cerebrales-implicadas-en-las-narrativas-humanas-Revision-teorica-del-cerebro-social.pdf?origin=journalDetail&_tp=eyJwYWdlIjoiam91cm5hbERldGFpbCJ9

Zavala. (2021). Comportamiento sedentario y su relación con la estructura del cerebro, cognición rendimiento académico en niños con sobrepeso/obesidad: Proyecto Activebrains. https://digibug.ugr.es/bitstream/handle/10481/66773/81019.pdf?sequence=4&isAllowed=y

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